Revista elperiodicosur El clima nos está dando una advertencia: Moquegua frente al calentamiento global y el nuevo el niño.

Revista elperiodicosur El clima nos está dando una advertencia: Moquegua frente al calentamiento global y el nuevo el niño.
agosto 2026-Editorial El Periódico Sur.

Enfrentar el calentamiento global ya no es una tarea para el futuro. Es una obligación del presente. El planeta atraviesa una etapa de calentamiento sin precedentes en la historia reciente y sus consecuencias comienzan a sentirse con mayor frecuencia en forma de olas de calor, lluvias intensas, sequías, incendios, retroceso de glaciares y alteraciones de los ecosistemas. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el periodo 2015-2025 constituye los once años más cálidos registrados y que 2025 se ubicó entre los dos o tres años más cálidos de la historia.

Comprender esta realidad exige dejar de mirar el cambio climático como un problema lejano. El Perú es particularmente vulnerable porque concentra costa, desierto, valles, montañas y ecosistemas altoandinos en un territorio expuesto a una gran variabilidad climática. Moquegua tampoco está al margen. Nuestra región depende de recursos hídricos limitados, desarrolla actividades agrícolas, mineras, pesqueras y urbanas, y posee poblaciones asentadas en espacios donde los eventos hidrometeorológicos pueden convertirse rápidamente en emergencias.

Advertir la llegada de El Niño 2026-2027 obliga a elevar la prevención. El ENFEN mantiene la Alerta de El Niño Costero y, según su último comunicado oficial disponible, estima que el fenómeno podría prolongarse hasta abril de 2027. Para la región Niño 1+2, donde se monitorean las condiciones del Pacífico oriental frente a las costas de Perú y Ecuador, la magnitud más probable es fuerte, aunque no se descarta que llegue a extraordinaria hacia finales de 2026. En el Pacífico central, El Niño podría alcanzar una magnitud muy fuerte entre noviembre y diciembre.

Distinguir El Niño Global de El Niño Costero resulta fundamental para no caer en alarmismos. El primero se desarrolla principalmente en el Pacífico ecuatorial central y modifica patrones atmosféricos a escala mundial; el segundo se relaciona directamente con el calentamiento anómalo de las aguas frente a la costa peruana y tiene efectos particulares sobre nuestro territorio. Ambos pueden presentarse simultáneamente, pero sus consecuencias no serán iguales en todas las regiones del país.

Observar el comportamiento del océano frente a Moquegua será especialmente importante. Los informes técnicos de SENAMHI-ENFEN muestran que durante 2026 el calentamiento del Pacífico oriental se ha intensificado y que el debilitamiento de los vientos costeros ha contribuido al incremento de las temperaturas del mar y del aire a lo largo de la costa peruana. Preparar a Ilo debe convertirse, por ello, en una prioridad regional. El calentamiento del mar no solamente modifica las temperaturas ambientales; también altera las condiciones en las que se desarrolla la actividad pesquera y puede desplazar especies hacia otras zonas. La economía vinculada al mar, la pesca artesanal y los ecosistemas costeros pueden sentir los efectos de un océano más cálido.

Revisar las quebradas, cauces, puentes, carreteras y zonas vulnerables debe ser una tarea inmediata en toda la región. La temporada de lluvias 2026-2027 exigirá que municipalidades, Gobierno Regional, sectores productivos y organismos de emergencia no esperen la ocurrencia de un desastre para actuar. El propio ENFEN ha recomendado fortalecer las acciones de preparación y reducción del riesgo ante la continuidad de El Niño Costero y el desarrollo de El Niño en el Pacífico central.

Proteger el agua debe ocupar el centro de la discusión. Para una región como Moquegua, donde el recurso hídrico constituye uno de los principales factores que condicionan el desarrollo agrícola, urbano y productivo, el cambio climático obliga a pensar más allá de una emergencia puntual. La pregunta no es solamente cuánta lluvia tendremos, sino cuándo llegará, dónde caerá, con qué intensidad y cuánto de esa agua podremos almacenar y utilizar.

Fortalecer la agricultura será igualmente indispensable. Las variaciones de temperatura y precipitación pueden modificar calendarios agrícolas, disponibilidad de agua, presencia de plagas y productividad. Los agricultores necesitan información climática oportuna y sistemas de prevención que permitan tomar decisiones antes de sembrar y no después de perder una campaña.

Preparar a las ciudades también significa revisar cómo estamos creciendo. La expansión urbana hacia quebradas, cauces naturales y zonas de riesgo aumenta la exposición de las familias. Ningún fenómeno natural por sí solo explica un desastre; el desastre aparece cuando un peligro encuentra población, infraestructura y actividades económicas vulnerables.

Reconocer el calentamiento global como un factor que agrava nuestros riesgos debe llevarnos a cambiar la manera de gobernar. El fenómeno de El Niño es parte de la variabilidad natural del clima, pero ocurre hoy sobre un planeta que ya se encuentra considerablemente más caliente que en el pasado. Por ello, la planificación territorial, la gestión del agua, la infraestructura y la prevención de desastres tienen que incorporar escenarios de cambio climático.

Exigir información científica permanente será también responsabilidad de los medios de comunicación. No podemos convertir cada lluvia, cada día caluroso o cada variación del río en una señal de desastre. Pero tampoco debemos minimizar las advertencias oficiales. La población necesita información clara, verificable y explicada en función de cada territorio.

Asumir la prevención como una política permanente es el verdadero desafío para Moquegua. SENAMHI ya presentó ante las autoridades regionales los escenarios climáticos previstos para 2026-2027 y destacó la necesidad de fortalecer la coordinación y la capacidad de respuesta. Ahora corresponde convertir esa información científica en acciones concretas.

Recordar que el clima no espera decisiones políticas debería ser nuestra principal conclusión. El calentamiento global continuará condicionando el futuro y El Niño 2026-2027 pondrá nuevamente a prueba nuestra capacidad de anticipación. Moquegua no puede controlar la temperatura del océano Pacífico, pero sí puede decidir dónde construir, cómo proteger sus quebradas, cuánto agua almacenar, cómo preparar a sus agricultores, cómo proteger a sus ciudades y cómo responder ante una emergencia.

Actuar antes del desastre será, finalmente, la mejor respuesta. El Niño no debe ser visto únicamente como una amenaza que llega desde el océano. Debe convertirse en una oportunidad para corregir nuestras vulnerabilidades y construir una región más preparada. Porque el verdadero peligro no está solamente en la fuerza de la naturaleza, sino en llegar nuevamente tarde a una advertencia que ya estamos escuchando.