La prevención no puede llegar después de la tragedia: reflexión tras incendio urgente para Moquegua.

La prevención no puede llegar después de la tragedia: reflexión tras incendio urgente para Moquegua.
Articulo octubre.¿Estamos previniendo las tragedias o esperando a que ocurran?

Una vida perdida nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo para evitar que los riesgos se conviertan en tragedias. El sábado 10 de octubre, un incendio en un establecimiento comercial de Moquegua terminó en una tragedia que enluta y conmueve: la pérdida de la vida de un niño de apenas siete años.

Detrás de esta irreparable pérdida hay una familia cuyo dolor merece respeto, pero también una sociedad que necesita detenerse a reflexionar. Porque cuando ocurre una emergencia, solemos preguntarnos cómo sucedió, cuánto demoró la ayuda o por qué no se pudo controlar el fuego. Sin embargo, hay una pregunta mucho más importante que debemos formularnos antes de que sea demasiado tarde: ¿qué hicimos para evitar que esta tragedia ocurriera?.

De acuerdo con la información conocida, el fuego se inició en un establecimiento dedicado a la venta de productos plásticos y se propagó hasta alcanzar grandes proporciones. Los vecinos intentaron controlarlo inicialmente con baldes de agua, mientras que la emergencia requirió finalmente la intervención de los bomberos. También se reportaron daños en viviendas colindantes y se advirtió que un hidrante cercano se encontraba inoperativo. Las circunstancias y las causas específicas del siniestro deberán ser esclarecidas por las instancias competentes.

Pero, más allá de las investigaciones, este acontecimiento nos deja una reflexión que no podemos ignorar: las emergencias no se enfrentan únicamente cuando aparecen las llamas; se empiezan a enfrentar mucho antes, cuando identificamos y corregimos las condiciones que ponen en peligro la vida.

Un establecimiento que almacena o comercializa materiales combustibles necesita condiciones de seguridad acordes con su actividad. Requiere instalaciones adecuadas, equipos de protección contra incendios operativos, rutas de evacuación libres, trabajadores capacitados y medidas que reduzcan la posibilidad de que un fuego inicial se convierta en un incendio de grandes proporciones. La seguridad no puede limitarse a cumplir un trámite: debe ser una condición permanente de funcionamiento.

De igual manera, las inspecciones de seguridad, la fiscalización municipal, el mantenimiento de los hidrantes, el acceso de los vehículos de emergencia y el equipamiento de los bomberos deben formar parte de una estrategia preventiva articulada. Cada institución tiene responsabilidades dentro de sus competencias, pero todas deben contribuir a un mismo objetivo: proteger la vida.

Es cierto que necesitamos bomberos preparados, vehículos, equipos y una respuesta oportuna. Sin embargo, también debemos reconocer que ningún sistema de respuesta podrá compensar por completo la falta de prevención. Cuando el fuego se extiende, las personas quedan atrapadas o las viviendas colindantes resultan afectadas, el margen de actuación se reduce y las consecuencias pueden ser irreversibles.

Por eso, la prevención debe ser una prioridad real en las decisiones públicas y privadas. No basta con lamentar lo ocurrido, expresar solidaridad o anunciar medidas después de una emergencia. Es necesario revisar las condiciones de seguridad de los establecimientos comerciales, verificar la operatividad de la infraestructura de emergencia, fortalecer la preparación del personal y destinar recursos a reducir los riesgos identificados.

Y esta reflexión no debe limitarse a los incendios. Moquegua está expuesta a sismos, inundaciones, movimientos en masa, incendios forestales y accidentes con materiales peligrosos, entre otros eventos que pueden comprometer la vida, las viviendas, los servicios y los medios de subsistencia de la población.

¿Estamos preparados para enfrentar esos escenarios? ¿Nuestras inversiones responden a los peligros que realmente amenazan a nuestro territorio? ¿Se están corrigiendo las vulnerabilidades conocidas? ¿Las autoridades y los funcionarios priorizan la prevención en sus decisiones? ¿Como ciudadanos, actuamos con la responsabilidad necesaria para reducir los riesgos en nuestros hogares, negocios y comunidades?.

Estas preguntas no buscan generar temor, sino despertar conciencia. La Gestión del Riesgo de Desastres no puede ser una tarea que se recuerde solamente cuando ocurre una emergencia. Debe estar presente en la planificación de las ciudades, en las inversiones públicas, en la actividad empresarial y en las decisiones cotidianas de cada persona. Las autoridades tienen la responsabilidad de planificar, supervisar, fiscalizar e invertir oportunamente. Los propietarios de los establecimientos deben cumplir las condiciones de seguridad que les corresponden. Y la ciudadanía debe adoptar prácticas seguras, comunicar las situaciones peligrosas y evitar exponerse innecesariamente.

Prevenir no es un gasto innecesario ni una formalidad administrativa. Es una inversión en vida, tranquilidad y futuro.

La muerte de un niño de siete años no puede quedar reducida a una noticia que mañana será reemplazada por otra. Debe llevarnos a examinar nuestras decisiones, reconocer nuestras debilidades y actuar para corregirlas. No sería justo adelantar conclusiones sobre las causas o responsabilidades sin conocer los resultados de las investigaciones; pero tampoco podemos permitir que la espera de esas conclusiones postergue la reflexión y las acciones preventivas que ya resulten necesarias.

Como sociedad, tenemos que dejar de actuar únicamente después de la tragedia. Necesitamos autoridades que se anticipen, instituciones que trabajen articuladamente, establecimientos seguros y ciudadanos conscientes de que la prevención es una responsabilidad compartida.

Porque cuando ocurre una tragedia, no solo se pierde una vida: una familia pierde a un ser querido, una comunidad pierde su tranquilidad y todos debemos preguntarnos si hicimos lo suficiente para evitarlo.

Que el dolor de esta pérdida no se convierta en una cifra más ni en un recuerdo pasajero. Que nos impulse a actuar. No esperemos a que otra tragedia nos recuerde lo que pudimos prevenir.

La verdadera capacidad de una ciudad no se demuestra solamente cuando logra responder ante una emergencia, sino también cuando es capaz de anticiparse, reducir sus vulnerabilidades y proteger a su población.

En Moquegua, necesitamos menos reacción tardía y más prevención oportuna. Porque la vida de las personas no puede depender de la suerte.