A 25 años del sismo al sur de Perú: Moquegua mantiene desafíos pendientes en prevención y reducción del riesgo de desastres.

A 25 años del sismo al sur de Perú: Moquegua mantiene desafíos pendientes en prevención y reducción del riesgo de desastres.
Autor: Especialista en Gestión del Riesgo de Desastres (GRD).

Recordar el devastador sismo ocurrido el 23 de junio de 2001 en el sur del Perú invita a reflexionar sobre los avances y desafíos que enfrenta Moquegua en materia de prevención y gestión del riesgo de desastres. Aquel terremoto afectó gravemente a las regiones de Moquegua, Tacna y Arequipa, dejando pérdidas humanas, viviendas destruidas y profundas consecuencias sociales y económicas que marcaron a miles de familias.

Cumplir veinticinco años de aquel acontecimiento representa una oportunidad para evaluar cuánto se ha avanzado en la construcción de territorios más seguros y resilientes. Más allá de mantener viva la memoria de la tragedia, la fecha debe servir para fortalecer el compromiso de las autoridades y la ciudadanía con la reducción de riesgos y la protección de la población.

Impulsar la gestión del riesgo de desastres durante las últimas décadas ha permitido importantes avances en el país. La institucionalización de esta política pública, el fortalecimiento de la normativa nacional y regional, la elaboración de estudios de evaluación de riesgos (EVAR), la incorporación de criterios preventivos en la planificación territorial y la implementación de mecanismos de respuesta y reducción del riesgo constituyen logros significativos alcanzados después del terremoto.

Advertir la persistencia de importantes brechas evidencia que la tarea aún no está concluida. En la región Moquegua continúan existiendo poblaciones asentadas en zonas de alto y muy alto riesgo, e incluso en áreas de riesgo no mitigable, como Ubinas, Escacha, Sancaya, San Miguel, Tonohaya y Tassa. A ello se suman construcciones informales desarrolladas sin criterios técnicos adecuados, ocupación de suelos inestables y procesos de expansión urbana que muchas veces no consideran las condiciones reales del territorio.

Reconocer que las inversiones en prevención y reducción del riesgo siguen siendo insuficientes resulta fundamental para comprender la magnitud del desafío. Aunque se han ejecutado diversas acciones, las amenazas sísmicas, volcánicas y geodinámicas que enfrenta la región demandan mayores esfuerzos en planificación, financiamiento y ejecución de proyectos preventivos.

Entender la prevención únicamente como la construcción de infraestructura constituye una visión limitada de la gestión del riesgo. La verdadera prevención también involucra educación, cultura preventiva, fortalecimiento institucional, planificación responsable y participación activa de la ciudadanía. Cada estudio de riesgo elaborado, cada proyecto de reducción ejecutado, cada simulacro realizado y cada familia informada representan avances concretos hacia una Moquegua más segura y preparada.

Aprender de las lecciones dejadas por el sismo de 2001 continúa siendo una necesidad vigente. La experiencia demostró que los desastres no son consecuencia exclusiva de los fenómenos naturales, sino también del nivel de vulnerabilidad acumulado por la sociedad a lo largo del tiempo. Reducir esas condiciones de vulnerabilidad es la principal tarea para evitar futuras pérdidas humanas y materiales.

Renovar el compromiso con la gestión del riesgo de desastres debe ser una prioridad al cumplirse el vigésimo quinto aniversario de esta tragedia. La responsabilidad no recae únicamente en las instituciones públicas, sino también en los gobiernos regionales y locales, el sector privado, la academia y la ciudadanía organizada.

Convertir la prevención en una política permanente y no en una reacción posterior a las emergencias constituye el principal desafío para las próximas décadas. La memoria de quienes fueron afectados por el terremoto de 2001 debe impulsar acciones concretas que permitan construir una región y un país donde los fenómenos naturales sean inevitables, pero donde sus consecuencias puedan reducirse significativamente mediante una adecuada gestión del riesgo.

Reflexionar sobre estos veinticinco años debe motivarnos a fortalecer una cultura de prevención que garantice un futuro más seguro para las nuevas generaciones, consolidando una Moquegua resiliente, preparada y comprometida con la protección de la vida y el desarrollo sostenible.

Autor: Especialista en Gestión del Riesgo de Desastres (GRD).